Después de colgar el teléfono, Juan notó de inmediato las miradas extrañas de los tres en el auto y preguntó: —¿Tengo suciedad en la cara?
Celia estaba muy asombrada por dentro. ¿Cómo pudo Juan conseguir una invitación?
¿Y para él mismo? ¿Estaba mintiendo? No tendría ningún sentido que Juan mintiera, ya que sería descubierto rápidamente.
De repente, a Celia se le ocurrió una fabulosa idea.
Las dos invitaciones para San Fernando, una para María y otra para Ana, ambas mujeres relacionadas con Ju