En el camino, el ánimo de Celia estaba muy decaído, sin su habitual alegría y grandes travesuras.
No dijo ni una sola palabra durante todo el trayecto.
Pablo, quien estaba al volante, también lucía muy preocupado.
"Señorita, ¿qué vamos a hacer ahora? La familia Martínez nos ha dado la espalda, así que no podremos asistir a la subasta. Tampoco podremos atender al importante cliente. Nuestro objetivo no se podrá cumplir".
Celia se masajeó con suavidad las sienes. "Volvamos a San Fernando por aho