Capítulo 95. Kryos.
—¿¡Qué mierda pasó!? —exclamó el sacerdote en cuanto abrí la puerta del carruaje.
Salté al suelo con Kahira en brazos sin responderle.
Su cuerpo se sentía demasiado ligero.
Demasiado frío.
Demasiado inmóvil.
—Que te informe tu lobo —gruñí, pasando de largo—. Hazte a un lado y dime a dónde llevarla para que la ayuden. Envenenamiento por acónito.
El efecto fue inmediato.
El color abandonó su rostro.
—¡Muévanse! —ladró, girándose hacia los suyos—. ¡Ahora!
No esperé más.
Seguí al primero que echó a