Capítulo 60.
—Llegas tarde, ratoncito —gruñó Morgana ya dentro del carruaje—. Y eres un desastre.
Ni siquiera tenía aire en mis pulmones para objetar.
—Lo… siento —dije, inhalando como si acabara de correr por medio castillo.
Porque eso fue exactamente lo que hice. Nadie me advirtió que el lugar donde guardaban los uniformes de las mucamas estaba prácticamente en el otro extremo de donde esperaban los carruajes. Corrí por pasillos que no conocía, choqué con dos guardias, pedí disculpas sin detenerme y t