Capítulo 36.
Se aclaró la garganta.
—Los miembros de la partida de caza y el Alfa aullaron en aviso del peligro. Eso despertó a varios y pudimos salir para tratar de resguardarnos arriba de los árboles o en cualquier superficie alta. Sin embargo, la fuerza del agua… arrasó todo a su paso. El agua siguió su curso y solo quedamos nosotros y este viejo almacén de pie.
Estiré una mano y le apreté el hombro con suavidad.
Luego me dirigí a todos con voz firme, aunque por dentro me sentía tan frágil como el pri