Capítulo 34.

Johana se levantó y comenzó a hablar con voz temblorosa.

—Nuestra Gran Madre es tan misericordiosa que nos ha enviado a su hija más querida para ayudarnos en nuestro momento de necesidad. Por favor, tenemos cachorros heridos. Nos consolaría saber que hoy dormirán sin dolor.

Asentí, comprendiendo al menos la desesperación detrás de sus palabras. No era una súplica teatral. Era la voz de alguien que ya había visto morir a demasiados.

—El carruaje ha quedado un poco atrás por el camino. Tardaremos
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