—Disculpa —dije.
—Lo siento, es solo que… ¿eres la Luna del Alfa Mason? —preguntó el hombre.
—Pronto lo seré —respondí.
Vi a otros hombres observando nuestra interacción, y se me erizaron los vellos de la nuca. Este estacionamiento estaba detrás de un restaurante tipo diner, pensado para desayunos, y nosotros estábamos allí a la hora del almuerzo. No había nadie más cerca y el aparcamiento quedaba oculto detrás del edificio, fuera del pueblo. El hombre frente a mí sonrió de forma torcida, hacie