Iris y yo habíamos estado capturadas durante días. Al menos tres. Había una pequeña ventana en lo alto de la pared, en esta especie de calabozo subterráneo, o lo que fuera en lo que estuviéramos atrapadas. Esa ventana era la única forma que tenía de llevar la cuenta de los días. Aun así, estaba empezando a perder la noción del tiempo debido a la escasa cantidad de comida que nos daban cada día y a la cantidad de veces que me habían electrocutado desde el primer día. Ni siquiera intento contar c