Alejandro llevó las cartas al Tribunal.
Catalina todavía llevaba la ropa que se había puesto el día de la boda.
Llevaba tres días detenida, pero aún no había perdido la esperanza.
En cuanto vio entrar a Alejandro, se puso de pie.
—Alejandro, sé que estás enfadado. Pero nunca quise que ella muriera. Cuando se aclare todo, nuestra boda...
Alejandro arrojó la carta delante de ella.
Bastó una mirada de Catalina para que palideciera.
—Yo no escribí eso.
—Ya se han verificado la caligrafía, el sello p