Dos horas después tomó el teléfono.
Sin mensajes nuevos.
Sabía que Mateo estaba trabajando en un evento privado fuera de la ciudad. Lo sabía racionalmente. Era su trabajo. Siempre había sido así.
Pero algo había cambiado, antes, despedirse era normal, ahora… se sentía incorrecto. Caminó hasta la cocina casi por reflejo y abrió la nevera.
Había recipientes etiquetados con su letra.
"Cena."
"Para mañana."
"No olvides comer."
Tara sonrió sola.
—Ridículo… —murmuró.
Pero igual lo extrañaba.
Mucho má