La música fuerte y vibrante comenzaba a irritar los oídos de Ethan, y el humo en el aire le revolvía ligeramente el estómago, provocándole náuseas.
Realmente no le gustaba ese lugar. No pertenecía allí. La gente a su alrededor estaba muy fuera de su alcance.
Sus ojos recorrieron el lugar una vez más: mujeres frotándose contra hombres, bailando al ritmo salvaje de la música.
Muchos tenían tatuajes de tinta oscura extendidos por sus cuerpos, piercings adornando sus rostros. Otros no, pero su ropa