**Punto de vista de Lucía**
En el momento en que crucé esas pesadas puertas de hierro, supe que había entrado en la guarida del León.
El ruido de Milán se desvaneció. Era como si alguien hubiera cerrado de golpe una puerta al mundo: sin sirenas, sin gritos, sin vida. El silencio presionó mis oídos hasta que mi propia respiración sonó demasiado fuerte.
Me encontraba en un camino de piedras grandes y planas de hormigón. Conducía directamente a una enorme puerta de cristal que atravesaba un a