**Punto de vista de Elena**
Dante no se detuvo. Ni siquiera disminuyó la velocidad. Siguió arrastrándome hacia la oscuridad del estacionamiento.
Mi brazo ardía donde sus dedos se clavaron en mí. Mis talones resbalaron sobre el asfalto irregular, haciéndome tropezar cada pocos metros. El estacionamiento parecía interminable, con fila tras fila de autos oscuros, y la música del salón de baile ahora era distante, como si perteneciera a otro mundo.
Pensé que me empujaría dentro de uno de los