**Punto de vista de Lucía**
En cuanto se marchó Stefano, volví a colarme en la habitación, con la mano ya extendida hacia el cajón que había junto a la cama. Sentía un nudo en el pecho y el corazón me latía con fuerza, pero mis dedos no temblaban mientras lo abría.
Ahí estaba: la diminuta grabadora negra con su luz roja aún parpadeando; una leve sonrisa se dibujó en mi rostro al cogerla. «¡Te pillé!».
Cada palabra, cada gemido y cada sonido que habíamos hecho estaba grabado, descansando silenci