Benjamín guardó silencio un momento.
—¿Ya terminaste con el berrinche?
Me agaché para revisar la parrilla.
—No es un berrinche.
—Entonces vuelve. Mañana tenemos rodaje. Le diré al guionista que te agregue un personaje.
Antes me aterraba ese tono. Apenas se le ponía la voz grave, yo sentía que había hecho algo malo. Pero ahora, a cientos de kilómetros de distancia, el óxido de la parrilla me preocupaba más que su mal humor.
—Ya no voy a actuar.
—¿Vas a tirar cinco años a la basura por una escena?