Mariah, a lomos de Alaric, observaba Groenlandia. Había una gran cascada con agua blanca como la nieve. El fuerte canto de los pájaros la conectaba con la tierra, y pensar que iba a pasar cuatro meses allí sola ya no le daba tanto miedo. Los animales del bosque le harían compañía.
Con un fuerte chillido, Alaric voló directamente hacia la cascada, y aunque Mariah temía que se estrellaran, confiaba en que Alaric sabía lo que hacía. Se estremeció al ver el agua caer sobre ellos. Habían atravesado