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El dragón dorado se detuvo en el aire sobre la vasta tierra helada. Contempló lo que antes era un reino, ahora solo esculturas de personas, dragones y casas congeladas. Cerró los ojos, extendiendo las alas y aleteando para mantenerse en el aire. Segundos después, una luz dorada se formó en su garganta y abrió los ojos. La luz viajó hasta su boca, y la abrió justo cuando el fuego abrasador dorado comenzaba a brotar de ella. Al salir el fuego de su gigantesca boca, comenzó a volar, asegurándose d
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