75.
KAYNE
Lo había arruinado todo; con un solo momento había destruido lo poco que había logrado crear con ella.
Había hecho trizas su confianza, había fallado al decirle que jamás la lastimaría, y lo hice.
La marca de mis dedos furiosos en su brazo y sus muñecas me lo decían; la sangre brotando de las heridas que, en mi desesperación, le causé me lo confirmaba a cada segundo que pasaba.
Jamás podré olvidar la imagen de su dolor, de su decepción, del miedo tan enorme que podía ver y oler en ella en