Lokie irrumpió en el estudio de George, las botas golpeando con fuerza el suelo pulido. Se centró en él detrás del enorme escritorio de roble, pero antes de que pudiera dar otro paso, unas manos bruscas se cerraron sobre ambos brazos.
Los guardias la arrastraron hacia un lado, empujándola de espaldas contra la pared fría. Los omóplatos impactaron con fuerza, quitándole el aire de los pulmones por un segundo.
George estaba sentado allí, perfectamente quieto, una lenta sonrisa extendiéndose por s