Lokie despertó en una cama vacía. Las sábanas aún conservaban el olor residual del intoxicante colonia de Enzo. Su mente no dejaba de regresar a la escena de su salvaje juego sexual de la noche anterior, cada toque y cada sonido repitiéndose en su cabeza.
«¡Mierda!», maldijo Lokie en voz baja. Agarró la almohada y la lanzó con fuerza al otro lado de la habitación, viendo cómo golpeaba la pared y caía al suelo.
Estaba intentando con todas sus fuerzas actuar normal, como si nada hubiera pasado nu