El coche se detuvo frente a un edificio en las afueras de la ciudad. Lokie saltó primero. Alex la siguió segundos después.
Se lanzaron una breve mirada. No hacían falta palabras. Alex derribó la puerta de un golpe, con sus dos pistolas cortas agarradas con fuerza y listas. Lokie la siguió de cerca, desenvainando las hojas de ambas caderas. Las balanceó una vez y luego las apretó con fuerza.
Avanzaron con pasos cuidadosos y silenciosos hacia la puerta principal.
«¿Lista?», susurró Alex.
«Vamos.»