La puerta se abrió de golpe con un violento estruendo, astillando el marco mientras los guardias irrumpían en la habitación. Raman yacía tendido sobre el frío suelo, respirando con dificultad, con la sien palpitándole donde casi se había golpeado contra el inflexible concreto.
—¡Jefe! ¿Está bien? —soltó uno de ellos, con la voz tensa por el pánico.
Raman siseó entre dientes apretados, con el dolor y la furia retorciéndose juntos en su garganta.
—Cállense de una puta vez, idiotas... Vayan tras e