Después de que Michello se fue, ni Lokie ni Enzo hicieron ningún movimiento hacia el otro. El silencio entre ellos se extendió, denso y pesado, como un muro invisible que ninguno quería tocar.
Enzo se retiró a su despacho, y la pesada puerta se cerró con un clic detrás de él. Permaneció allí enterrado durante el resto del día, con la voz baja y autoritaria en llamada tras llamada, coordinando cada detalle para asegurarse de que la misión saliera exactamente como estaba planeada.
Mientras tanto,