Punto de vista de Ziva
La luz de la mañana duele.
Ziva despertó en una cama que no era la suya, envuelta en sábanas demasiado suaves para ser reales, como si se hubiera quedado dormida en una vida y hubiera despertado atrapada en otra.
Su teléfono vibraba. No solo vibraba, sino que lo hacía resonar contra la mesita de noche.
Extendió la mano para alcanzarlo, aún medio dormida, con la mente nublada por el cansancio y por el sedante que el médico le había administrado la noche anterior después de