El mundo volvió a hacerse pedazos.Primero el movimiento, el zumbido de un motor, asientos de cuero bajo sus piernas y algo suave sobre sus hombros, con olor a cedro y pólvora.Los ojos de Ziva se abrieron entreabiertos.Iba en un coche que se movía a gran velocidad, a juzgar por el destello de las luces de la calle tras los cristales tintados. El vestido blanco seguía puesto, arrugado y manchado de vómito en el dobladillo, pero tenía las muñecas libres.Se incorporó de golpe e intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave, así que volvió a intentarlo tirando con más fuerza.“Está bloqueado para niños.” La voz provenía del otro lado de la habitación, con un tono tan tranquilo y uniforme.Tyrell estaba sentado en el asiento de enfrente, con un tobillo cruzado sobre la rodilla, observándola con esos ojos oscuros e indescifrables. Seguía con el traje, pero sin corbata, y el botón superior estaba desabrochado, con una mancha roja en el cuello. Sangre.Ziva se pegó a la puerta. —D
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