Mundo ficciónIniciar sesiónNero no me miró ni una sola vez mientras se acercaba al porche delantero.
—¿Quién era? —preguntó, y supe que se refería al acosador de aquel hombre, fuera quien fuera. —Nadie que yo conozca —respondí encogiéndome de hombros ligeramente y entregándole un anillo de plata con un escudo grabado—. Esto era suyo. No quiso hablar. Así que le corté la lengua antes de dispararle, pensé. Necesitaba una válvula de escape para mi ira. —Hmm —dijo