Mundo ficciónIniciar sesiónEL RESTAURANTE DE PAOLO
Eran las 8:30 p. m. y el cielo estaba oscuro como la tinta. En cuanto salí de la mansión, vi un coche con cristales tintados esperándome. Sin dudarlo, crucé el umbral del porche delantero y me subí. Esta vez no era Tony, ese cabrón, quien estaba al volante, sino otra persona, un tipo con el pelo rapado y barba, con el ceño fruncido. El coche aceleró por la carretera, dejando atrás la gran finca y dirigiéndose a toda velocidad hacia dondequiera que Nero estuviera esperando. Las luces de la calle me mareaban, así que me recosté con un suspiro, sintiendo las armas que había guardado cuidadosamente en varias fundas bien ajustadas alrededor de mi cuerpo. Esta vez no iba a ir a ningún sitio sin un arsenal atado a mí. No después de recibir una bala por él. No tenía ni idea de qué estaba tramando Nero esta vez. Sus movimientos eran tan impredecibles como