Mundo ficciónIniciar sesiónEL RESTAURANTE DE PAOLO
Eran las 8:30 p. m. y el cielo estaba oscuro como la tinta. En cuanto salí de la mansión, vi un coche con cristales tintados esperándome. Sin dudarlo, crucé el umbral del porche delantero y me subí. Esta vez no era Tony, ese cabrón, quien estaba al volante, sino otra persona, un tipo con el pelo rapado y barba, con el ceño fruncido. El coche aceleró por la carretera, dejando atrás la gran finca y dirigiéndose