La voz helada sonó en lo alto y Natalie frunció el ceño, Leonardo debía de haberlo visto.
Levantó la vista hacia Leonardo, pero lo único que pudo ver fue su férrea mandíbula.
—Leo... Casi me caí, el señor Guzmán me ayudó... Si no, me habría caído...
Leonardo aún estaba un poco molesto. Porque cuando estaban en Monteflor, a Bryan le gustaba Natalie, y él no se había enamorado en todos los años desde que había regresado a la familia Guzmán, y mucho menos cotilleo con ninguna mujer.
Por la forma en