Era muy consciente de que el ambiente entre ellos era un poco raro. Michela frunció el ceño y dijo a Natalie: —Natalie, ¿cómo puedes ignorar al invitado y jugar con tu móvil? Falta un rato para la cena. Enséñale a Sergio nuestro jardín.
Natalie, un poco impaciente, miró a Michela y le dijo: —Mamá, aún tengo trabajo que hacer. Puedes hablar con el señor Martín.
Cuando se levantó y se disponía a marcharse, Michela la cogió de la mano y le susurró al oído: —¡Si no quieres que te organice una cita m