-No, vas a molestar mi productividad.
-Puedo ayudarte.
Natalie enarcó una ceja y le miró con gesto sombrío: -No quiero que te metas en los asuntos de mi empresa, y no quiero tener el hábito de depender de ti.
Leonardo se sintió decepcionado y dijo: -A veces no quiero que seas tan capaz, basta con que vayas de compras y de viaje como otras mujeres, sin preocuparte de nada.
En algún momento Natalie sí quería vivir así, pero la realidad le dio una bofetada en la cara y la dejó completamente sobria.