Sabía muy bien que el deseo de Matilda de separar a Natalie de Leonardo era demasiado fuerte, tanto que al menor atisbo de esperanza, se aferraría a él.
Ahora sólo tenía que esperar a que Matilda se lo contara a Natalie.
A la mañana siguiente, cuando Natalie llegó a la puerta del chalet, la paró un Maybach negro.
Leonardo salió del coche y se acercó al asiento del conductor, mirándola fijamente sin decir nada.
Natalie frunció el ceño y bajó la ventanilla: -Señor Ramos, voy a llegar tarde al trab