La cara de Samuel cambió con un mal presentimiento.
Anita Lima, que estaba al lado, maldijo: —¡Qué avión destrozado! ¡Devuelvan el dinero! Si no, ¡esto no se acaba!
Samuel giró la cabeza y la fulminó con la mirada, —¡Basta, mamá, déjalo ya!
Anita tenía sólo un hijo, y siempre lo trataba como a un tesoro. Cuando Samuel la criticó, ella se calló.
Uno tras otro, los pasajeros empezaron a bajar del avión. Al ver que cerca de la mitad de los pasajeros habían bajado del avión, Samuel y Anita se levant