Sintiendo su actitud gélida, Emiliano sonrió, en cierto modo era culpa suya.
Media hora más tarde, los dos entraron en uno de los clubes más privados de Monteflor.
Cuando se sentaron, Lucía miró a Emiliano sin expresión.
—Señor Moreno, ¿de qué querías hablarme?
Emiliano la miró y le dijo seriamente: —Lucía, lo siento. Las cabronadas que te dije ese día en la sala te lastimaron. Admito que al principio te cortejé con una actitud juguetona, pero en el proceso de pasar tiempo contigo, me enamoré in