Emiliano salió de su ensimismamiento y respondió apresuradamente:—¡Claro que tengo tiempo, por supuesto! Dime dónde y voy para allá de inmediato.
Lucía, notando la alegría mal disimulada en su voz, bajó la mirada y dijo:—Bien, encontrémonos en el Hotel Gloria.
—¡Perfecto!
Después de colgar, Lucía paró un taxi que la llevó al restaurante. Apenas se había acomodado junto a una ventana cuando vio llegar a Emiliano todo agitado, con pequeñas gotas de sudor en la frente que evidenciaban que había ven