Los latidos del corazón de Emiliano aumentaron vertiginosamente, y sabía que tenía que ayudar a aliviarla cuanto antes.
Sirvió un vaso de agua tibia e intentó dárselo a Lucía, pero ella cerró los labios con fuerza y siguió forcejeando.
—Lucía, despiértate. Bebe un poco de agua. —Le dijo en voz baja Emiliano, con ansiedad.
Sin embargo, Lucía no daba muestras de recuperar el sentido, la droga hacía estragos en su cuerpo, dejándola en un estado de éxtasis.
Emiliano tenía la frente cubierta de sudor