Baco seguía sonriendo, —Señorita Silva, si me das una oportunidad y me conoces más, tal vez te interese, ¿no lo crees?
Ella no esperaba que él fuera tan descarado, ya había dejado claro, pero él no dejaba de estar pegado a ella como un esparadrapo.
—Señor Baco, hoy es fiesta de la familia Santos, no querrás que te acusen de acosar a su invitada, ¿verdad?
Al oírlo, la cara de Baco se hundió.
Pero en un momento recuperó su amabilidad como antes.
—¡Ya que no me das una oportunidad, no te obligaré,