—Vale.
Natalie se acercó tranquilamente a la mesita y abrió la caja.
Había un vestido de seda verde con una rosa verde hecha de cinta de seda en el pecho izquierdo, y la flor estaba adornada con diamantes en forma de gotas de agua en los pétalos, lo que le daba un aspecto real.
—Este vestido es precioso. Te quedará muy bien, ¡ya he pensado qué peinado llevarás hoy con él!
Al ver que Natalie parecía descontenta, Nora frunció el ceño: —¿Qué te pasa? ¿No te gusta el vestido?
—Más o menos.
—Pues, ¿n