Viendo que Ángel estaba tranquilo, Álvaro se arrancó por fin su hipócrita cara, y su mirada hacia Ángel se tornó sombría.
—Ángel, deja de fingir que eres un mensajero de la justicia, cuando la familia Aguilar fue expulsada de Imperialia, también contribuiste mucho.
—Es cierto, lo admito. —Ángel lo miraba sin culpabilidad en los ojos, sino con calma.
—No creo deberle nada a la familia Aguilar. La familia Aguilar se lo buscó. Puedes volver y decirle a Esteban que si sólo quiere volver a Imperialia