Sin embargo, cuando pensó en Natalie, volvió a apretar los dientes y se puso en pie para seguir esperando en la puerta.
Ahora Álvaro no quería hablar con ella, pero lo haría mientras ella siguiera esperando.
Al volver al estudio, el rostro de Álvaro permanecía serio, una frialdad emanaba a su alrededor, evidentemente estaba de mal humor.
El mayordomo entró en el estudio para llevarle el té, dijo fingiendo estar tranquilo: —Señor Álvaro, según la previsión meteorológica, esta noche nevará intensa