—Aún no han encontrado nada, pero desde esta altura... Si la doctora Hernández cayera, me temo que...
Al ver la cara de Natalie tan pálida como la nieve, los aldeanos no dijeron nada más.
El silencio se hizo a su alrededor, sólo el sonido del viento, pero todos tenían claro que no había muchas posibilidades de que Silvia sobreviviera.
Natalie respiró hondo y se dirigió hacia el pie de la montaña.
Tanto si Silvia estaba viva como muerta, ¡tenía que encontrarla!
Al otro lado, Bryan marcó un número