— Espera... Tengo algo serio que decirte.
—¿Qué?
—Hay un cliente exigente, cuando vuelvas, habla con él...
—De acuerdo, te dejo.
Al colgar el teléfono, Natalie apartó el móvil para mirar a Elián.
—Maestro, vámonos, hay unas horas desde el aeropuerto hasta el destino.
Llegaron a la casa de Darío a las seis de la tarde.
En invierno atardecía pronto y cuando llegaron a la puerta de Darío, las luces ya estaban encendidas en el interior.
Elián miró a Natalie, —Natalie, espérame aquí, no tardaré mucho