Se dirigió a la puerta de la habitación de Bryan y cuando iba a tocarla, su voz grave llegó desde adentro.
—Silvia, pasa.
Silvia respiró hondo, empujó la puerta y entró.
Bryan estaba sentado a la mesa preparando té. Cuando oyó que se abría la puerta, la miró y sonrió: —¿Por qué vienes a verme a estas horas? Debes estar limpiando hierbas a estas horas, ¿no?
Al ver sus ojos sonrientes, Silvia le dijo: —Bryan, hoy he oído que llamaste a Natalie y tu conversación con tu hombre.
Al oírlo, la sonrisa