Leonardo se rio con desdén. —¿Me pasé de la raya? Ni siquiera te obligué a acostarte conmigo.
Natalie gruñó entre dientes apretados: —¡En tus sueños!
—Vuelve conmigo o me quedaré aquí, tú decides.
Natalie inhaló profundamente y se consoló que sólo era una semana y pasaría pronto, antes de volverse hacia el Maybach estacionado en el costado de la carretera.
Pero entonces Leonardo la detuvo y le preguntó: —¿No vas a empacar tus cosas?
Ella le respondió con frialdad: —No es necesario. Volveré en un