En un instante le tiraron de la muñeca.
—Nora, ¿de verdad vas a abortar al bebé?
—¡Suéltame! ¡Me duele!
Las cejas de Nora se fruncieron mientras intentaba apartar la mano de Guido, pero no pudo, sus cinco dedos eran como tenazas de hierro alrededor de su mano, no podía quitársela de encima.
Miró enfadada a Guido y le dijo con rabia: —¿Qué te importa? Guido, aquella noche fue un error, ¡y ahora sólo quiero borrarlo!
Al oírlo, la hostilidad brotó en el fondo de los ojos de Guido, y la fuerza con q