—No... No, parece que la señorita Romí no lo sabe...
—Entonces piensa cómo hacérselo saber.
La voz de Emiliano era fría, incluso con una pizca de fastidio.
—Sí, lo hago ahora mismo.
Tras colgar el teléfono, el secretario se lo pensó un momento y llamó a Lucía.
Al ver que era la llamada del secretario de Emiliano, Lucía no contestó.
Después de varias llamadas seguidas, que ella no contestó, el secretario entendió lo que pensaba Lucía.
Al pensar en la voz airada de su presidente al teléfono, envió