Salió del coche y llamó a la puerta.
Después de un rato, la puerta se abrió, revelando el rostro pálido de Lucía.
—Natalie, pasa.
Natalie entró y frunció el ceño: —¿Por qué tienes la cara tan pálida? ¿No has descansado bien estos días?
Lucía asintió, —Siéntate, ¿qué quieres tomar? Sólo tengo agua y café.
—No, dime qué ha pasado, a ver si puedo ayudarte.
Se sentaron en el sofá, Lucía quedó un rato callada y dijo: —Sí estoy saliendo con alguien, y lo conoces.
Natalie se sorprendió y dijo: —Te refi