Natalie replicó con indiferencia: —Lo que una esposa debería hacer y no hacer, ella lo hizo todo. Para ustedes sólo hace falta un certificado de matrimonio.
Leonardo la miró fijamente tratando de encontrar el más mínimo rastro de tristeza en su rostro, pero no pilló nada. ¿Es que realmente ya no se preocupara por él?
Por alguna razón, ese pensamiento hizo que le diera un vuelco el corazón.
Él desvió la mirada y dijo: —Mientras no nos hayamos divorciado, estás obligada a cuidarme.
Natalie se sint