Edurno se calló un momento y le dijo, —Quizá... Podríamos pedirle a tu mujer que volviera y se hiciera cargo, después de todo, la señora ha sido accionista de la empresa...
Al instante Ricardo vetó.
—¡No, me he divorciado de ella, seguro que no volverá! Si acudimos a ella, ¡sólo saldremos humillados!
—Si la persuadimos con la señorita Silva, tal vez acepte, después de todo, quería dejarle todos sus bienes a la señorita Silva.
Al oírlo, Ricardo guardó silencio.
—¿Sabes dónde está ahora?
Ricardo n