El auto se detuvo, Amanda bajó y entró al edificio. Mientras subía las escaleras se quedó pensativa, Davis seguía siendo un hombre muy atractivo, la madurez le sentaba muy bien. Suspiró antes de sacar las llaves de su bolso y entrar a su apartamento; cuando se disponía a introducir la llave, Sara le abrió la puerta.
—¡Hija! —Amanda la miró sosprendida y Sara la abrazó emocionada.
—Que bonita estás, mamá. ¿El que te trajo era tu jefe? — Amanda se quedó callada.
—No, no. Era un taxista. Solo