Llueve desde adentro

Sara entró al ascensor y apenas al cerrarse la puerta las lágrimas se desbordaron sobre sus mejillas.

—¿Quién se creía Ben Collins para tratarla de esa manera? Aunque tuviese todo el dinero del mundo, aunque fuese el dueño de la empresa y en consecuencia su jefe, no era quien para humillada cada vez que se le venía en ganas.

En tanto, Ben entra a su oficina, le da algunas instrucciones a Ann y se dirige a la oficina de Davis. Al verlo, su colega se pone de pie para recibirlo con un abrazo.

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Becki Hernándezbueno no sabía que las chicas de secundaria daban pasantías, aquí en mi país las pasantías son para los que ya finalizaron su carrera y se van a practicar al mercado laboral, pero de 17 años es menor de edad, y con un cuarentón peor todavía
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